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martes, 31 de mayo de 2016

PEZ MUERTO




Papel parafinado. Naufragio de una traición. El rostro desencajado de Bosi embarrado en el contenido del paquete. Un besugo abierto en canal. Las espinas señalándole como dedos. Ojos incrédulos en la calavera. Pronto será fiambre.
—Bosi, esta mañana han dejado esto para ti.
Le sonó a sentencia de muerte. Era su sentencia de muerte. Él lo supo antes de abrir el paquete. Apretó los dientes. A su alrededor cinco gorilas armados con estacas. No hay salida, pensó. Su cuerpo no podría huir, pero la imaginación  tendría su oportunidad. Se impulsó hacia el recuerdo. Un barco ballenero cerca de Georgia del Sur. Nadie podría encontrarle allí.

Las estacas cumplen su cometido. El cadáver de Bosi abierto en canal. Su rostro desfigurado. Y en sus ojos un reflejo azul como el viento gélido de la corriente que circunda la Antártida.


Pedro Rojano

martes, 9 de febrero de 2016

MAL DE ALTURA



«Encaramado a la cima del mundo, con un pie en China y el otro en Nepal, limpié de hielo mi máscara de oxígeno, encorvé la espalda al viento y contemplé, abstraído, la enorme extensión de Tíbet. De un modo difuso, con cierto distanciamiento, comprendí que el paisaje que se extendía debajo de mí presentaba una vista espectacular. Había fantaseado mucho sobre ese momento y la oleada de emociones que lo acompañaría. Pero ahora que por fin estaba allí, literalmente de pie en la cima del Everest, no tenía fuerzas para pensar en ello».
Jon Krakauer (Mal de altura)
Jon Krakauer
Jon Krakauer, periodista de la revista Outsider, fue invitado en 1996 a participar en una expedición comercial a la cima del Everest dirigida por el escalador neozelandés y dueño de la agencia Adventure Consultants, Rob Hall. Su ascensión a la cumbre, en compañía de otros siete clientes, resultó una catástrofe. Aquellos días,  doce alpinistas se dejaron la vida en el Himalaya. Las causas las analizan sólo los que sobreviven, y desgraciadamente el fruto de ese análisis de poco les sirve a los muertos. 
Expedición de Adventure Consultants 1996 . Jon Krakauer sentado tercero por la izquierda. Rob Hall sentado tercero por la derecha

Años después de su ascensión y regreso, el periodista, que había publicado un extenso artículo en la revista Outsiders, decidió relatar su experiencia en un libro. Una oportunidad para contemplar los hechos desde la distancia temporal, sin la pátina de la inmediatez. Y sobre todo, según nos dice él mismo en el prólogo, un deber de enmendar graves errores que cometió al escribir el artículo recién ocurrida la catástrofe.

Mal de Altura no es un libro de aventuras, es más bien un relato de las consecuencias que puede suponer la aventura. El manto de opaca realidad que cubre los deseos de incautos soñadores. Se trata de un honesto canto a la mezcla de entusiasmo y temeridad de algunos.
“Si uno se limita a hacer lo que se supone que debe hacer, nunca se convierte en héroe”
Cormac McCarthy . El Sunset Limited
Siempre nos hemos preguntado por el motivo que obliga a ciertas personas a ir más allá de sus límites, aunque ello suponga asumir ciertos riesgos tan llamativos como el hecho de perder la vida. Un periodista hizo esa pregunta al escalador británico Mallory poco antes de emprender un nuevo intento para llegar a ser el primer hombre en hollar la cumbre más alta del mundo. Su respuesta fue un simple: «Porque está ahí». La racionalidad camina por distinto sendero que los sueños. Si uno se equivoca de camino, puede que llegue a un glorioso destino o se despeñe por el acantilado. Resulta complicado delimitar las fronteras de lo posible. ¿Por qué Colón se atrevió a cruzar un temible mar desconocido? ¿Qué llevó a Amundsen y a Scott a desafiarse por saber cuál de ellos sería el primero en llegar al Polo Sur? ¿Qué interés pasaba por la cabeza de Neil Amstrong el día que aceptó embarcarse en el Apolo XI? Son decisiones irracionales que justifican los deseos por llegar más allá, por conocer en qué punto se encuentra la línea de nuestro horizonte.
Mal de Altura está narrado con agilidad y emoción. Desprovisto de esas descripciones grandilocuentes que echan un velo sobre lo real. Durante la travesía podemos sentir el cansancio, el frío, la falta de oxígeno, el sufrimiento. Podemos ser partícipes de la terrible sensación de saber que la muerte aguarda en el frágil apoyo de unos crampones. El horror de la indiferencia ante la desesperación de otros. El coste psíquico de la supervivencia. Jon Krakauer nos hace revivir la emoción de lograr el reto, el miedo que supone el descenso y la estupidez que persiste durante todo el camino de regreso.

Gracias a este autor, he podido ascender los 8840 metros de altura del Everest, y aún tengo restos de hielo en mis ojos al comprender que algunos sueños, como cadáveres a la intemperie, se enfrían sobre el manto helado.

Pedro Rojano       


martes, 22 de diciembre de 2015

CONSEJOS PARA UN BUEN COMIENZO. DIEZ INICIOS DE NOVELA.


El comienzo de una narración no es algo que haya que tomarse a la ligera. Romper el bloqueo del folio en blanco es importante con cualquier frase que arranque la narración, pero luego hay que volver a ese inicio y reformarlo de modo que atrape al lector.

El inicio debe contener las claves de lo que se va a contar. Es como un plano donde están contenidos muchos de los resortes que van a disparar a los personajes, la intriga, la trama y sobre todo el tema.

Un buen comienzo…

·      Ha de cautivar al lector con intriga. Atraparlo como a una presa y evitar que escape

·      Ha de crear expectativa de lo que se va a leer en las páginas.

·  Tiene que presentar a algún personaje al que sigamos durante la narración, o que nos acompañe hasta otro principal o protagonista.

·      El tipo de narrador ha de definirse a simple vista para que el lector no se sienta defraudado algunos párrafos más allá. El narrador es como un perro guía invisible que te va llevando por el camino de la narración. Debe de mantener la coherencia y pisar fuerte sobre los tramos más complicados para evitar que el lector se pierda. Puede estar cerca de la acción o lejos, puede ser testigo o protagonista, puede ser como un Dios que todo lo ve y sabe todo lo que piensan los personajes, puede ser como el subconsciente de uno de ellos o simplemente puede ser la mirilla por la que a través de ella vemos la vida de los personajes. Elegir el narrador es una de las tareas más importante del autor. Un mal narrador hará que el lector pierda el interés y se marche antes de llegar al final.

·  Debe ayudar a imaginar el espacio físico y temporal donde se va a desarrollar la historia.

·      Tiene que innovar, es decir, evitar los lugares comunes de los comienzos. Que el lector no piense que está leyendo lo mismo de siempre: “Érase una vez…”, “Aquella tarde de verano”, “El día había amanecido con un gris plomizo” “Fernando salió de casa para ir al trabajo”…etc.

·      Evitar los jeroglíficos. El principio debe ser claro y contundente.

·      Entrar de lleno en la historia. Sin rodeos.

·      Por último, el comienzo debe contener en sí mismo el tema del que vas a hablar. El lector, desde el primer instante, aunque no lo perciba, debe quedarse inconscientemente con algo que marque la intención de lo que se va a contar. Os propongo que cuando leáis un buen libro, regreséis al comienzo y volváis a leerlo. Veréis como muchas de las cosas que has vivido están concentradas en ese párrafo.



Para finalizar os detallo diez de los mejores comienzos literarios de todos los tiempos. Obviamente habrá algunos que falten. Estaré encantado de que nos los hagáis llegar en los comentarios

A modo de juego, los títulos y autores están al final. He escogido aquellos que contienen todas o algunas de las características que he detallado más arriba. No están ordenados por importancia. Además de adivinar de qué novelas se trata, os reto a analizar dónde se encuentra en ellos ese gancho que nos hace querer seguir leyendo. El primero es fácil…

1.- En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

2.- Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.

3.- Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.

4.- Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

5.- Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

6.- El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del Oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”.

7.- Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, como fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.

8.- Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

9.- ¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco?

10.- Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.

Pedro Rojano
Punto y Seguido




SOLUCIONES
1.- El Quijote (Miguel de Cervantes).
2.- Pedro Páramo (Juan Rulfo).
3.- El viejo y el mar (Ernst Heminway).
4.- Lolita (Vladimir Nabokov)
5.- La metamorfosis (Franz Kafka)
6.- A sangre fría (Trumann Capote)
7.- El guardián entre el centeno (Salinger)
8.- Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)
9.- El corazón delator (Edgard Allan Poe)
10.- El extranjero (Albert Camus)