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martes, 31 de mayo de 2016

PEZ MUERTO




Papel parafinado. Naufragio de una traición. El rostro desencajado de Bosi embarrado en el contenido del paquete. Un besugo abierto en canal. Las espinas señalándole como dedos. Ojos incrédulos en la calavera. Pronto será fiambre.
—Bosi, esta mañana han dejado esto para ti.
Le sonó a sentencia de muerte. Era su sentencia de muerte. Él lo supo antes de abrir el paquete. Apretó los dientes. A su alrededor cinco gorilas armados con estacas. No hay salida, pensó. Su cuerpo no podría huir, pero la imaginación  tendría su oportunidad. Se impulsó hacia el recuerdo. Un barco ballenero cerca de Georgia del Sur. Nadie podría encontrarle allí.

Las estacas cumplen su cometido. El cadáver de Bosi abierto en canal. Su rostro desfigurado. Y en sus ojos un reflejo azul como el viento gélido de la corriente que circunda la Antártida.


Pedro Rojano

lunes, 25 de abril de 2016

SIETE CASAS VACÍAS. SAMANTA SCHWEBLIN


Me asumo fan de Samanta. «Pájaros en la boca» viaja conmigo. De España a México. De México o Panamá. Por eso el año pasado, en cuanto pisé Málaga, lo primero que compré fue «Siete casas vacías», libro de relatos  (cuentos, para Latinoamérica) que recibió el Premio Internacional de Narrativa Breve Rivera del Duero.

       El libro premiado está compuesto por seis relatos. El séptimo que incluye el libro, titulado «Un hombre sin suerte», obtuvo el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012. Se nota en la diferencia de tono y en el tipo de historia, que no formaba parte del grupo de «Casas». Se trata de un cuento de estructura clásica, narrado en primera persona por la protagonista, que nos cuenta un suceso de su infancia sobre un hecho inquietante, con un final inesperado pero no tramposo. Este cuento, como ya dije, está muy bien, pero desentona un poco con el resto, relatos marcados por la atmósfera y esos personajes que, al estilo Schweblin, caminan por la cuerda floja y se mueven entre la normalidad y lo sorprendente.


        Las seis «Casas» que componen el libro que se alzó con el Rivera del Duero tienen mucho de su estilo, pero se diferencian de «Pájaros en la boca» que es un libro entre divertido y asombroso. El tono general de éste está marcado por una atmósfera más densa, más turbadora, de personajes que al contar manifiestan dualidad tanto en sus palabras como en sus acciones, que no terminan de conocerse, pero que nos invitan a entrar para ver si nosotros somos capaces de, espiándolos, descifrar un poco de sus psicologías. Son relatos que finalizan como entre nubes, que dejan más sensaciones que certezas. Tal vez eso es justamente lo que más me gusta, lo que no se dice, lo que no se explica, los simbolismos que aparecen en el subtexto, casi en la sombra, y esos finales sin fuegos de artificio. Posiblemente es su respiración, la cadencia de las frases, que me recuerda a la mía, y me resulta más cercana, como cuando leo a Andrés Neuman.


         La primera vez que leí «Siete casas vacías» me pareció desigual, como que el primero y segundo relato eran muy superiores al resto. Luego, en la segunda lectura, me di cuenta de mi error. El problema es que a los cuentos de Samanta yo me los bebo de un tirón, sin respiro, sin darles tiempo de maceración, pero sin dejar de ser una lectora crítica. Su prosa es tan atrapante que uno no se detiene a pensar. Son casi como una droga donde se quiere más, como si en vez de cuentos fueran capítulos de una novela de suspense. Por eso mi consejo es que los lean nuevamente, con más calma, para poder degustar aquellos que, tal vez, no les hayan parecido tan buenos al principio.

     Debo decir que el primero del libro, «Nada de todo esto», me dejó sin aliento. La situación que plantea por momentos es delirante y en otros surrealista, llevándonos a un clima de humor angustiante, con un final en cierta manera inesperado. Está contado por la hija de la protagonista, y de manera indirecta, vamos conociendo esa relación madre-hija.

        El segundo, «Mis padres y mis hijos», nos enfrenta a la vejez y a la infancia con sus puntos en común, en medio de una situación casi de comedia.

            El tercero, «Pasa siempre en esta casa», es un relato de atmósfera, una escena suspendida, como etérea. En mi primera lectura confieso que ciertas cacofanías me distrajeron.

Ilustración de Helen Sear


        El cuarto, «La respiración cavernaria», es el más largo del libro, casi como una novela corta por la forma en que está estructurado, y por el paso del tiempo. Algunas partes me parecieron repetidas, incluso mi yo más crítico encontró ciertas desprolijidades, como si hubiera necesitado alargarlo para cumplir con las páginas que requería el premio. Pero es un relato excelente, y en la segunda lectura le encontré sentido a todo. La tensión está centrada en las dudas de la protagonista. Nos cuenta un narrador en tercera persona las acciones y pensamientos de Lola, un personaje que vive entre el deseo y la realidad, una realidad marcada por la pérdida de la memoria y el deterioro, que subsiste desde la intuición.


     El quinto, «Cuarenta centímetros cuadrados», tiene una estructura interesante, con saltos en el tiempo, y datos que desconocemos, contado en primera persona. Nos habla de cómo nos sentimos en relación al mundo, qué lugar ocupamos, qué cosas nos sostienen.

       «Ellos estaban ahí para cuidar de sus cosas, y a cambio sus cosas los sostenían (…) pero ella tenía las manos vacías.»

         Del sexto ya hablé, es el que ganó el Rulfo. La séptima y última casa se titula «Salir». Escrito en primera persona, el personaje escapa, prefiere no hablar. Hay detalles que desconocemos pero podemos intuir, porque lo importante no son esos detalles, sino el resultado de no hablar.

         Hasta aquí esta reseña de un libro que vale la pena leer.  

Ilustración de Helen Sear


Andrea Vinci
Punto y Seguido



lunes, 11 de abril de 2016

SUERTE


En la única ocasión que me ha tocado un premio de lotería, fue una vez que me vendieron un número raro y feo.

Imagen es de Internet

 La vieja me había pedido, expresamente, que le comprara un boleto con los números que anotó en un papel. ¿Tendría usted dos cupones con estos  números? Claro que sí, te los imprimo con la máquina ahora mismo. ¿Sabías que estos números representan a la muerte?  ¿Qué, cómo dice? No podía creer que en pleno siglo XXI quedara tanta superstición. Te traerán suerte, ya verás, fíjate que en las palabras muerte y suerte sólo cambia la primera letra. Es verdad, le contesté mientras le pagaba, sin decirle que los cupones no eran para mí y sintiendo una leve flojera en las piernas, los guardé dentro de mi bolso. La muerte, pensé, sería una suerte para ella. 
La vieja llevaba más de tres años preparándose. Había roto todas las fotos, todas las cartas y había regalado todo lo que creyó que no necesitaría. Estaba convencida de que la muerte sería su liberación. ¿Podría conjurarla con unos simples números? Cuando subí a su casa estaba sentada en el sofá, como siempre, viendo la tele. Le entregué los cupones de lotería, y los guardó dentro de su caja metálica que escondió debajo de un cojín del sofá. No siento las piernas, me dijo cuando me despedí de ella hasta la semana siguiente.
Esa noche se cayó de la cama de madrugada. Llamó a su vecina, que era para ella como la hija que nunca tuvo, y la volvió a acostar. Por la mañana, a primera hora, llegó a verla. La vieja estaba despierta y le pidió que le comprara cien gramos de jamón serrano y que la ayudara a sentarse en el sofá para ver la tele. La vecina empezaba a creer que la vieja era inmortal. 
Cuando volvió con el jamón le habló en voz alta, como hacía siempre,  pero la vieja no le respondió. La notó demasiado rígida. Histérica, llamó a los servicios de emergencia y a la hermana que llevaba más de tres meses sin aparecer por allí. El médico de emergencias certificó el fallecimiento. Todo fue rápido, los de la funeraria se encargaron de los trámites. Su hermana eligió el ataúd y las frases para las coronas. La vieja tenía pocas posesiones, pero la hermana revolvió por todos los rincones hasta que levantó el cojín del sofá y dio con la caja metálica. La guardó en su bolso. En el velatorio le dijo al marido: Pepe, no siento las piernas.
 © Loli Pérez González 
Punto y Seguido
                                                                                     
Con este relato he participado en el MaF, Málaga en Festival dentro de la actividad “Luces, cámara: ¡Se escribe!" organizada por el grupo literario Las Costureras de Letras, con la consigna de escribir un relato a partir de una frase cinematográfica, que no tenga nada que ver con la película. La frase en la que me inspiré fue “No siento las piernas” de Rambo. Todos los relatos se leyeron en la sede de la Sociedad Económica de Amigos del País. 


martes, 16 de febrero de 2016

QUE ENTRE EL PRIMERO

Bella Durmiente despierta de su sueño de años en la suite Presidencial del Hawai Sunrise, exclusivo lupanar en las afueras de Madrid. Tambaleante recorre la enorme habitación apoyándose en las paredes, muy despacio, arrastrando su larga capa azul expansivo. En el salón Viridiana, bajo la espesa niebla que le produce un efecto de euforia repentina, pregunta:
—¿Qué hora es?
El personaje de Bella bien podría haberlo interpretado Patricia Adriani en un registro similar a su papel en Dedicatoria de Jaime Chávarri en 1980. Imaginen la fragilidad de los gestos, la sonrisa que parece mantener a raya un dolor antiguo, el adormecido resplandor de los ojos.
En el salón, todos los figurantes se vuelven a mirarla. Una sonrisa de lasciva impaciencia se les dibuja en los rostros y agitan entre los dedos una chapita metálica con un número rotulado en purpurina. Los asientos atornillados al suelo, los aspersores de humo ocultos bajo los apliques.
—Es la hora de la siesta—, interviene Madame Maléfica desde el centro de la sala, terminando de repartir chapitas y preservativos.
Este personaje hubiera sido perfecto para Lola Gaos, inolvidable Saturna de Furtivos o, si me apuran, por el Anthony Perkins disfrazado de su propia madre en Psicosis.
—Vamos, querida— le dice a Bella tomándola del brazo y, recogiéndole su larga cola, la acompaña de vuelta al dormitorio.
Ya en la cama, en plano medio, los rostros apenas iluminados por la débil luz proyectada sobre un vaso de leche, Bella ingiere una a una el surtido de pastillas que Maléfica le proporciona en una pequeña bandeja de plata. Apenas se adormila, pregunta por su príncipe.
Maléfica se acerca a la cabeza (primerísimo primer plano de la boca rozando la oreja, recorriendo la mejilla y la comisura del labio) y le  susurra:
—Duerme querida, él no tardará en volver.
Seguidamente la cubre con su capa y descuelga el auricular de baquelita de un teléfono colgado junto al cabecero
—Don Luís, podemos continuar.
Don Luís, con monóculo y alzacuellos, intenta aparentar un personaje anodino. Se escurre, se niega a ser fotografiado y apenas habla con sus colaboradores. Puede ser un príncipe y también un embaucador, un conseguidor, o un simple intermediario. Ricardo Darín lo haría perfecto si no fuera argentino. Desde su sillón en una plataforma elevada, oculto tras los cortinones del salón, toma su megáfono y se dirige a los figurantes:
—Vamos, no me lo pongan más difícil. Muéstrenme que son capaces de algo parecido al entusiasmo. Háganselo creer a esa infeliz o créanselo ustedes mismos. Venga, pónganse en pie sin apelotonarse y que entre el primero.

Foto: Alberto García Alix



Miguel núñez ballesteros
Punto y seguido

martes, 24 de noviembre de 2015

LA HISTORIA


La historia les duró poco, puede que ni siquiera llegaran al último trimestre. Ella lo esperaba a la salida del instituto, tomaban unos bocadillos, unas cervezas, se miraban, hablaban de sus hijos, después él se iba a su ruta de clases particulares: Huelin, Carretera de Cádiz, Ronda Intermedia, El Cónsul. Los jueves Torremolinos y La Colina. Ella nunca daba clases los jueves. Pasaban juntos fines de semanas alternos: no compraban, no iban al cine, no visitaban a los amigos. Los domingos por la mañana él corría por la playa, ella desayunaba en la cama, apartaba las cortinas, corregía exámenes, leía su correo. Un lunes ella le preguntó ¿Qué harás en vacaciones?. Él respondió, olvidarme de todo.

fotografía de Eliott Erwitt


Miguel núñez ballesteros
Punto y Seguido

lunes, 5 de octubre de 2015

CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN: #ManerasDeDesandarElTiempo

El pasado Jueves 1 de Octubre tuvo lugar en el Ateneo de Málaga la primera presentación de nuestro tercer libro: 


Maneras de desandar el Tiempo 


Y allí estuvimos los 7 miembros de Punto y seguido: 

Andrea Vinci, Mauricio Ciruelos, Inmaculada Reina, Loli Pérez, Miguel Núñez, Pedro Rojano e Isabel Merino González.  


Los nervios y la incertidumbre, primeros compañeros de la tarde, dieron paso a la alegría y la tranquilidad que nos ofrecieron la camaradería y los saludos de familiares, amigos, conocidos y de todos aquellos que se acercaron a compartir  con nosotros este momento tan temido y, a la vez, tan deseado. 


Pasadas las ocho de la tarde, se apagaron las luces, comenzaron a sonar tic tac y cucú de relojes y, guiados por las palabras del primer narrador de la noche,  imaginamos que éramos un colibrí: El único pájaro que puede volar hacia atrás. Fue por eso que lo elegimos, porque íbamos a desandar el tiempo. 



Comenzó hablando Pedro Rojano, para ir dando paso a cada uno de los miembros de Punto y seguido. Explicamos los entresijos de la creación del libro, los encuentros y desencuentros durante su elaboración y cómo mantuvimos atrapado el tiempo en relojes, en horas, semanas y estaciones. Cómo lo estiramos, acortamos, dividimos… Y cómo, fruto de todo eso, surgió Maneras de desandar el tiempo.



¿Para qué desandar el tiempo? Alguno  de nosotros podría responder que por un deseo de mirar, de ver cómo sucedieron las historias, cómo se atraían los acontecimientos, las razones, los personajes y los azares. Cómo se solapaban hasta convertirse en esa historia que parecía estar ya escrita. Nos ayudamos de vídeos, de narradores que prestaron sus voces a nuestros personajes, de imágenes e ilustraciones que, como el tiempo, fueron protagonistas durante los poco más de treinta minutos que duró la presentación. 

¿Para qué desandar el tiempo? Este no es un libro sobre el tiempo, es más bien un libro en el tiempo, explicamos. En nuestro tiempo limitado. Y también una excusa para recobrarlo y darle forma. 

Una vez que dimos por finalizada la presentación, nos reunimos a tomar una copa con esos familiares, amigos, conocidos y desconocidos que habían parado su tiempo para venir a compartirlo con nosotros. A todos ellos: Gracias. 






Vivimos esas historias en el tiempo, rompimos sus límites sin intentar cambiarlas, sólo para imaginarlas, para recobrarlas otra vez y compartirlas con todos. Una de tantas maneras de desandar el tiempo. 



Isabel Merino
Punto y seguido



Próxima presentación: 
Viernes 16 de Octubre a las 20h en La casa de las sirenas (Sevilla). 

martes, 29 de septiembre de 2015

PRESENTACIÓN EN MÁLAGA #ManerasDeDesandarElTiempo


Después de varias semanas anunciando la presentación de nuestro nuevo libro, por fin se acerca el día. ¡Es ya! ¿Pero ya? ¡Sí, ya! 



FECHA: 1 de OCTUBRE. (Vamos, pasado mañana. ¡Qué nervios!).

LUGAR: ATENEO DE MÁLAGA (Calle Compañía número 2. Donde la Plaza de la Constitución). 

HORA: 20 HORAS. (Da tiempo a un tomar un cafelito antes. A la copa de vino invitamos nosotros. Por un brindar, que no se diga). 


Creo que ya está todo, ¿no? ¿O repasamos? Lo de repasar siempre viene bien. Repasemos pues: 


TÍTULO DEL LIBRO: MANERAS DE DESANDAR EL TIEMPO. 

AUTORES: Punto y seguido. 

Miguel Núñez, Mauricio Ciruelos, Pedro Rojano
Isabel Merino González, Andrea Vinci, Loli Pérez e Inmaculada Reina

DE QUÉ TRATA: No es un libro sobre el tiempo, es más bien un libro de relatos en el tiempo, en nuestro tiempo limitado, y también una excusa para recobrarlo y darle forma. Ese tiempo que mantuvimos atrapados en relojes, en horas, semanas y estaciones, que estiramos, acortamos y dividimos, ahora lo miramos. 


BOOK TRAILER: 



CARTEL PROMOCIONAL: 



AGRADECIMIENTOS: 

Queremos daros las gracias a tod@s por soportar estoicamente este bombardeo promocional sobre la presentación de nuestro tercer libro de relatos y por todo el apoyo y cariño recibido estos días. 

Nos comprometemos a afirmar que la presentación será amena, divertida, ingeniosa y breve, así como que brindaremos al final con todos vosotros. Por ese tiempo desandado y compartido en el Ateneo. 

Podéis compartir esta entrada en las redes sociales usando el Hashtag #ManerasDeDesandarElTiempo. Quedamos muy agradecidos de antemano.


Nos vemos el jueves día 1 a las 20h en el Ateneo de Málaga. No faltéis. 




Punto y seguido


viernes, 25 de septiembre de 2015

EL COWBOY DE GUANTE NEGRO




(…)

Tu hermano se retorcía con gestos de dolor, se tiraba al suelo rodando hasta quedarse con las piernas estiradas y los brazos en cruz sobre el asfalto, inmóvil, con los ojos muy abiertos. Soplabas sobre el cañón, te enfundabas la pistola en la cintura y silbabas la melodía de una película del oeste andando sobre los talones. Le dabas la mano, él se levantaba de un brinco y os ibais a merendar tan campantes.

Me gustaba que dejaras de ser el chico serio de la vecina de enfrente y te transformaras en un villano de ojos grandes y puntería certera. Con aquella pistola te sentías poderoso. Sólo tenías que decir lo que querías para que te obedecieran. 

(…)

El cowboy de guante negro
Un relato de Loli Pérez


Este relato al completo podréis leerlo en nuestro libro: 

Maneras de desandar el tiempo. 
Punto y seguido 2015.



Nota: Maneras de desandar el tiempo se presentará el día 1 de Octubre en el Ateneo de Málaga, sito en calle Compañía núm. 2

miércoles, 23 de septiembre de 2015

LA NATURALEZA CUÁNTICA DEL TIEMPO


(…)

De todos era conocida la paranoia de Méndez de creer que había muerto hacía varios años y que el tiempo que vivía no era otra cosa que un robo involuntario del tiempo de inocentes. Méndez se acercó a Levinson y le abrazó dejando escapar un llanto amargo. Aquel día se encontraba especialmente acongojado, y no sin motivos, ya que según le explicó a Levinson, los últimos treinta minutos se los había robado a un pobre vaquero de Wisconsin que en ese momento se debatía entre la vida y la muerte. Levinson trató de explicarle, con las evidentes dotes docentes que aún poseía, que su tiempo de vida era exclusivamente suyo. Méndez mutó su expresión. Por un momento pareció convencido, pero en realidad trataba de encontrar argumentos con los que rebatirle. 

(…)

La naturaleza cuántica del tiempo.
Un relato de Pedro Rojano. 


Este relato al completo podréis leerlo en nuestro libro: 

Maneras de desandar el tiempo. 
Punto y seguido 2015







Nota: Maneras de desandar el tiempo se presentará el día 1 de Octubre en el Ateneo de Málaga, sito en calle Compañía núm. 2.  

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA CALZADA DEL GIGANTE


(…)

Un joven duerme sobre el tresillo. 


El joven

El viejo toma asiento en el butacón y lo observa durante un rato que no sabría cuantificar. Un rato es sólo un rato, aunque no es lo mismo un rato de ocio que un rato laboral, ni un rato de insomnio que un rato de sueño profundo y, por supuesto, no es lo mismo un rato de un joven que un rato de un viejo. Se frota la barbilla y se revuelve la pelusa de la cabeza, pero no hace nada más. Nada más, excepto observar al desconocido. 

El viejo


Dirige una mirada a la puerta. Está cerrada, aunque el cerrojo no está echado, ni recuerda haberlo corrido antes de acostarse. Seguramente no lo haría. Hay noches que olvida hacerlo. Igual que hay noches que olvida ponerse el pijama y se acuesta vestido. Como en esta ocasión, con el mono amarillo. El pañuelo quedó perdido entre el revoltijo de sábanas. 



Carraspea y el desconocido pierde el ritmo de la respiración y cambia de postura. Los ronquidos se hacen más leves, pero no cesan. Ahora puede verle bien la cara e incluso calcular su edad. Debe rondar los veinte. Nariz recta. Cejas pobladas. Pelo recio y oscuro. Bien parecido. Falta saber si es bizco. El tamaño del cuerpo es proporcional al del tresillo, pero está flaquito. 


El joven (de nuevo)

Se acerca y lo descalza. Mejor así. Pies grandes y olorosos, con tomate en el calcetín. Las botas están muy usadas. Las lleva a la pila de lavar, abre el grifo de agua y las mete debajo. Las deja en remojo. El muchacho tose una vez, dos veces, retoma el ritmo de la respiración, se abraza a un cojín y sigue durmiendo. El viejo mira la hora en el reloj de pared. Apenas son las cinco y cuarto. Una madrugada larga, piensa.

(…)

La calzada del gigante
Un relato de Isabel Merino



Este relato al completo podréis leerlo en nuestro libro: 

Maneras de desandar el tiempo. 
Punto y seguido 2015.





Nota: Maneras de desandar el tiempo se presentará el día 1 de Octubre en el Ateneo de Málaga, sito en calle Compañía núm. 2.  


martes, 21 de julio de 2015

¿QUIEN TENIA PREFERENCIA?



Ya no se reconocen. Entrelazados los cuerpos se abrazan como alambres a una estaca. Sin mirarse.
Audi A3 TDI 140 CV negro luto, faros encendidos, airbags activados. Uno de los  cadáveres ha atravesado el parabrisas hacia el interior del vehículo. Junto al asiento del conductor un smartphone. Es lo único que queda con vida. Un mensaje en la pantalla: «Lo sabe».
No hubo tiempo para el último abrazo. La mirada del peatón, incrustado en la luna, no es tanto de resentimiento como de súplica. En su mano aún sostiene la pistola con la que le encañonaba desde el paso de cebra.

Pedro Rojano