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lunes, 26 de septiembre de 2016

NERUDA, LA MEJOR PELÍCULA DE 2016

Y ustedes se preguntarán cómo a la altura de septiembre se puede saber cuál será la mejor película de 2016 y sobre todo teniendo en cuenta que nos encontramos a las puertas de un otoño repleto de títulos con apariencia de "importantes". Bueno, yo solo me atengo a la realidad, una realidad forjada por muchos años de ver películas: Neruda es y será la mejor película de 2016.


(De acuerdo, eso de arriba es una boutade, que sea o no la mejor no significa gran cosa, pero había que empezar de alguna forma para tratar de engancharles.)

Neruda (Pablo Larraín, 2016) es una gran película, eso sí es incuestionable, la vi la tarde de su estreno y me pareció un desperdicio que solo estuviéramos cuatro espectadores en la sala, viernes, sesión de 20,00h. Tanto esfuerzo, tanto mimo, tanta pasión solo para cuatro espectadores. Pero el mundo del cine es así, la industria es así. Una pena. No importa que contenga excelentes interpretaciones, ambientaciones, diálogos, música, hechos históricos, juegos entre la realidad y la ficción, lo que descubres y lo que insinúa. No importa que se trate de una película moderna e innovadora y a la vez tremendamente clásica, que aúne en su trama retazos de Borges y de Cortázar, de Buñuel, de Woody Allen, de Vila Matas o de Patrick Modiano. La cosa es esa, si no te agarra una multinacional, alguna filial del supermonopolio de la distribución mundial de películas, no tienes nada que hacer: cuatro espectadores.

Esperemos que el señor Pablo Larraín siga haciendo su cine, siga sorprendiéndonos en cada nueva obra. Me dejó tocado su terrorífica El Club (2015), me traspasó su esperanzada y luminosa No (2012) tras de la grisura demoledora de Post Mortem (2010).
Si pueden vayan a verla, es un juego y es real, es abrumadora y divertida y también sencilla y emocionante, muy bien escrita y mejor hablada. Su director, el señor Larraín, Pablo, dice esto refiriéndose a ella:
"Neruda nace de la absoluta libertad de crear ese accidente que es una película. El cine es misterio, mis actores son misteriosos y permiten que el espectador viaje a través de ellos. Al final he hecho un filme sobre un solo personaje: porque tanto poeta como policía devienen en uno".

No les cuento nada más, solo insistirles: Dejen todo lo que estén haciendo y corran a verla.



Miguel núñez ballesteros
Punto y seguido


martes, 9 de febrero de 2016

MAL DE ALTURA



«Encaramado a la cima del mundo, con un pie en China y el otro en Nepal, limpié de hielo mi máscara de oxígeno, encorvé la espalda al viento y contemplé, abstraído, la enorme extensión de Tíbet. De un modo difuso, con cierto distanciamiento, comprendí que el paisaje que se extendía debajo de mí presentaba una vista espectacular. Había fantaseado mucho sobre ese momento y la oleada de emociones que lo acompañaría. Pero ahora que por fin estaba allí, literalmente de pie en la cima del Everest, no tenía fuerzas para pensar en ello».
Jon Krakauer (Mal de altura)
Jon Krakauer
Jon Krakauer, periodista de la revista Outsider, fue invitado en 1996 a participar en una expedición comercial a la cima del Everest dirigida por el escalador neozelandés y dueño de la agencia Adventure Consultants, Rob Hall. Su ascensión a la cumbre, en compañía de otros siete clientes, resultó una catástrofe. Aquellos días,  doce alpinistas se dejaron la vida en el Himalaya. Las causas las analizan sólo los que sobreviven, y desgraciadamente el fruto de ese análisis de poco les sirve a los muertos. 
Expedición de Adventure Consultants 1996 . Jon Krakauer sentado tercero por la izquierda. Rob Hall sentado tercero por la derecha

Años después de su ascensión y regreso, el periodista, que había publicado un extenso artículo en la revista Outsiders, decidió relatar su experiencia en un libro. Una oportunidad para contemplar los hechos desde la distancia temporal, sin la pátina de la inmediatez. Y sobre todo, según nos dice él mismo en el prólogo, un deber de enmendar graves errores que cometió al escribir el artículo recién ocurrida la catástrofe.

Mal de Altura no es un libro de aventuras, es más bien un relato de las consecuencias que puede suponer la aventura. El manto de opaca realidad que cubre los deseos de incautos soñadores. Se trata de un honesto canto a la mezcla de entusiasmo y temeridad de algunos.
“Si uno se limita a hacer lo que se supone que debe hacer, nunca se convierte en héroe”
Cormac McCarthy . El Sunset Limited
Siempre nos hemos preguntado por el motivo que obliga a ciertas personas a ir más allá de sus límites, aunque ello suponga asumir ciertos riesgos tan llamativos como el hecho de perder la vida. Un periodista hizo esa pregunta al escalador británico Mallory poco antes de emprender un nuevo intento para llegar a ser el primer hombre en hollar la cumbre más alta del mundo. Su respuesta fue un simple: «Porque está ahí». La racionalidad camina por distinto sendero que los sueños. Si uno se equivoca de camino, puede que llegue a un glorioso destino o se despeñe por el acantilado. Resulta complicado delimitar las fronteras de lo posible. ¿Por qué Colón se atrevió a cruzar un temible mar desconocido? ¿Qué llevó a Amundsen y a Scott a desafiarse por saber cuál de ellos sería el primero en llegar al Polo Sur? ¿Qué interés pasaba por la cabeza de Neil Amstrong el día que aceptó embarcarse en el Apolo XI? Son decisiones irracionales que justifican los deseos por llegar más allá, por conocer en qué punto se encuentra la línea de nuestro horizonte.
Mal de Altura está narrado con agilidad y emoción. Desprovisto de esas descripciones grandilocuentes que echan un velo sobre lo real. Durante la travesía podemos sentir el cansancio, el frío, la falta de oxígeno, el sufrimiento. Podemos ser partícipes de la terrible sensación de saber que la muerte aguarda en el frágil apoyo de unos crampones. El horror de la indiferencia ante la desesperación de otros. El coste psíquico de la supervivencia. Jon Krakauer nos hace revivir la emoción de lograr el reto, el miedo que supone el descenso y la estupidez que persiste durante todo el camino de regreso.

Gracias a este autor, he podido ascender los 8840 metros de altura del Everest, y aún tengo restos de hielo en mis ojos al comprender que algunos sueños, como cadáveres a la intemperie, se enfrían sobre el manto helado.

Pedro Rojano       


lunes, 3 de agosto de 2015

EL MUNDO SIGUE: MADRID, 1963, BARRIO DE MARAVILLAS

Se me ha ocurrido que Fernando Fernán Gómez al plantear en su película El mundo sigue (1963) la relación entre las hermanas protagonistas, trataba de representar, de alguna manera, el tema de las dos Españas. Esas dos hermanas que se odian desde siempre pero que nunca llega a explicarse la razón de su odio, quizás porque el odio en sí no tenga una razón concreta, sino una acumulación de sinrazones. La una, madre de tres hijos, sin dinero, con un marido tarambana, vive paralizada por su idea del honor y la moral, la otra, en cambio, no reconoce moral alguna más que en el dinero, las posesiones y el ascenso social; la una envidiosa, la otra relamiéndose de saberse envidiada; la una pobre, pero honrada, la otra puta y rica. La una se mira en la otra, las dos se odian y se necesitan. 
Quizás esta idea de las dos Españas tuviera que ver con el pensamiento de Fernán Gómez, su ideología, su manera de mirar el mundo. De ahí también el tono desesperanzado, la imagen demoledora de esos "triunfantes 25 años de paz" y de fascismo. Los personajes fueron niños durante la guerra, crecieron en la "España Grande y Libre", de hambre y de estraperlo, mantenida por un puñado de embaucadores, chantajistas, beatos, militares, delatores, arribistas, curas..., una España sin futuro o con el futuro acotado por un vuelva usted mañana o aquí no se fía, la ilusión de ser declarada reina de las fiestas del barrio, que te toque una de catorce o poder sentarte en una terraza, dejar una propina y oír al camarero decirte gracias señorita. Una España sin sueños o con los sueños hipotecados en cómodos plazos inalcanzables.



Aquí no está la ironía de Berlanga, el humor feroz de Ferreri, ni siquiera el vitriólico costumbrismo de otras pelis del Fernán Gómez de la época: La vida por delante (1958), La vida alrededor (1959), El extraño viaje (1964). Aquí no hay sosiego. Tampoco es una película sobre la dictadura, ni siquiera se menciona la guerra ni a Franco, ni ninguna de las situaciones "comprometidas" de su reinado de cuarenta años y un día. Toda ella rezuma el espíritu de la época por los cuatro costados : el miedo a perder el trabajo, el miedo al que dirán, el miedo al embarazo, a quedarse soltera, el miedo a los jefes, los señores, los dueños, los policías..., y sin embargo parece hablarnos del ahora mismo.
Cuentan que Fernando tuvo que hacer concesiones a la censura, aceptar recortes, hipotecarse porque ningún productor quería financiar el proyecto, y aún así tardó dos años en estrenar su película. Pudo hacerlo gracias a la "apertura" de Fraga Iribarne al frente del Ministerio de Información y Turismo, aunque sólo de tapadillo, por unos días en un cine de Bilbao. Después, agur, jamás se supo. Ni siquiera cuando murió el dictador y repusieron todas aquellas películas censuradas o prohibidas, algunas verdaderos chumbos, pudo colarse en las carteleras. Me da por pensar que la nueva democracia no tenía mucho interés en verse retratada sólo unos pocos años antes. Españoles de a pie, pobres españoles pobres, ahora que todo era esperanza, ahora que por fin parecía que tendríamos un futuro, no era plan de ponernos trágicos.


Han tenido que pasar cincuenta años desde entonces, y casi todos muertos (Milagros Leal, Francisco Pierrá, Lina Canalejas, Agustín González, Fernando Fernán Gómez, María Luisa Ponte, Fernando Guillén, Tota Alba. La "superviviente" Gemma Cuervo,  cuenta que fue su primer protagonista en cine, después no volvieron a llamarla) para verla. Cincuenta años después, de manera distinta, siguen existiendo las dos Españas, igual que hay dos Grecias, dos Italias, dos Alemanias, dos Europas, la una quiere soñar y lucha por salir del agujero, la otra, simplemente, no lo necesita.


Miguel núñez ballesteros
Punto y seguido

martes, 14 de julio de 2015

LA CHICA DEL TREN (EL FENÓMENO)

Suele ocurrir en estas fechas más que en otras. Surge un libro, que como la canción del verano, nace siendo éxito, se queda con nosotros toda la estación, y luego se esfuma para ser rescatado unos años después en algún noticiero. 

En la mayoría de ocasiones, las cifras de ventas superan la calidad musical o literaria, según el caso. Pero sea cual sea la clave de su éxito, efímero o no, suelen tener legiones de seguidores que, con el paso de los años, se convertirán en nostálgicos a los que agradecer recopilaciones antológicas o sucesivas partes y/o ediciones. 

Nunca he sido muy amante de los éxitos del verano, pero tampoco me he resistido a ellos. Y menos aún, a los títulos sugeridos por las editoriales y por los afamados lectores devora-libros de la estación más calurosa del año. A veces, te llevas gratas sorpresas. Centrémonos pues, en lo literario, si os parece, o más concretamente en uno de los éxitos de este verano: La chica del tren (Autora. Paula Hawkins). 

Paula Hawkins y su libro: La chica del tren

¿Cómo un libro, (el fenómenos editorial del siglo, así lo llaman), de una autora desconocida, se cuela en nuestras vidas y en las  vidas de cinco millones de personas más, de la noche a la mañana? Nunca antes se había vendido tal cantidad de libros en tan corto espacio de tiempo. (En España lleva 7 ediciones en un mes). Ni El Código Da Vinci, ni Harry Potter, ni Cincuenta sombras de Grey... Y, aunque el boca-oreja ha funcionado de manera casi descontrolada, no fue así como llegó hasta mí. Yo lo encontré, (o él me encontró a mí, me gusta pensar esas cosas), navegando por internet. Primero, apareció en una red social literaria, luego en Twitter, publicitado por diferentes librerías, y así, fui encontrándomelo casi en cada página que visitaba, hasta que decidí, (o acaté la orden subliminal lanzada desde tantos frentes), que tenía que leerlo cuanto antes. Para que luego digan que no sirve de nada lanzar una imagen o un reclamo publicitario en la red.  

Antes de saber de qué trataba o quién lo había escrito, yo ya tenía la portada grabada en mi retina y el título escrito en mi agenda. ¿Por qué? Muy fácil. Lo comentaba más arriba: 

Escritora desconocida vende millones de ejemplares de su primer libro conocido, (antes escribió novela romántica bajo seudónimo, con más o menos suerte, y antes aún se dedicó al periodismo), lo comercializa a más de cuarenta países, cede los derechos para ser llevado al cine y todo en tiempo récord. A alguien que gusta de leer y escribir, con más o menos suerte también, le interesan estas cosas.

¿Qué tiene ese libro? ¿Con qué clave ha topado esta desconocida? No hay mejor manera de averiguarlo que leerlo. Y eso hice. Leer La chica del tren. En tiempo récord, que para eso es un libro de récords. No llegó a tres días, teniendo en cuenta que tiene un total de 496 páginas. Prácticamente me lo bebí a la velocidad del AVE y no a la de un tren de cercanías, como en el que viaja a diario Rachel, la protagonista de la novela; por algo lo denominan un libro pageturner, (pasapáginas), porque su nivel adictivo es muy alto. 

Pero, ¿de qué trata? ¿Cuál es el argumento? Rachel es una mujer treintañera, deprimida, que acumula una serie de desdichas personales, (divorcio, despido, adicción al alcohol y a la fabulación, obsesión con su ex, etc), y atraviesa una crisis personal importante. Cada día coge el tren de las 8:04 hacia Londres. Desde el tren puede observar no sólo la vida de su ex-marido y su nueva mujer, Anna,  sino la vida de unos vecinos desconocidos con los que comienza a fantasear. Son la pareja perfecta, algo que ella no consiguió en su matrimonio. Un día, ve algo. La chica, Megan, desaparece y Rachel, cree tener la clave de lo ocurrido y decide investigar por su cuenta. Pero, como en todo buen thriller psicológico, nada, ni nadie,  es lo que parece. 

El argumento destaca no por la novedad, sino por la modernidad del enfoque, como leí en un artículo de El Correo. 

"Como tanta gente, todos los días viajaba en tren para ir a Londres a trabajar. Me encontraba con los mismos pasajeros, con los que se establece una relación peculiar, y al mirar por la ventanilla veía a las personas en sus salones un día tras otro y me preguntaba cómo serían sus vidas".
Paula Hawkins

Paula Hawkins

Las mujeres tienen una especial sensibilidad para ver lo extraordinario dentro de lo cotidiano. En esta novela, una joven pasajera descubrirá un misterio criminal en el anodino paisaje urbano que ve pasar todos los días por delante de su ventanilla. 
J.M. Plaza.
(El Mundo)


Antes de leer que el libro había sido recomendado por Stephen King y por varios actores hollywoodenses, que se había etiquetado como thriller psicológico o que incluso había sido comparado con La ventana indiscreta, Perdida o Extraños en un tren, yo ya iba por más de la mitad de sus páginas y no podía entretenerme en otra cosa que en seguir bebiéndome esos diarios que componen la novela, los de tres mujeres bien definidas, tan distintas como iguales, que nos van contando episodios de sus vidas, que terminan por coincidir en el tiempo, ya al final del libro. Ellas son: Rachel, (la chica del tren), Anna, (la mujer de su ex) y Megan, (la desaparecida).


Paula Hawkins

El libro está narrado de forma ágil y dinámica y al darle voz a las tres narradoras, que cuentan su versión de la historia en un  ambiente opresivo y en un juego de espejos continuo, hace que se vivan momentos de desequilibrio, tensión y angustia que impiden que dejes de leer y prosigas tu vida sin más. Quieres saber. Quieres saberlo todo YA. Por eso vuelves una y otra vez a él, hasta que lo terminas y al fin, puedes descansar y dar el paso siguiente, que no es otro que recomendarlo: Quieres que otr@s sufran lo que has sufrido tú, y desde la perspectiva que da el conocimiento de saber cuál es su final.

Así pues, adelantes sufridores, atreveos a coger el tren de las 8:04 con destino a Londres. Os recomiendo que toméis asiento junto a Rachel, si aguantáis su persistente olor a alcohol, que os atreváis a escuchar sus mentiras y sus medias verdades, que no renunciéis a odiarla y a quererla el mínimo exigido para crearos algún tipo de duda que incline la balanza a su favor. Y tened siempre presente, que vosotros no la conocéis, pero que ella a vosotros sí. 

El misterio del Fenómeno de ventas de La chica del tren,  os será desvelado cuando terminéis de leerlo. Si lo empezáis hoy mismo, antes del fin de semana, tendréis la respuesta. Venid a compartirla. Y, contadme si es merecido el éxito desmedido de este súper ventas o no. Os espero en la parada final, esa que llega a Londres, la ciudad donde habito.  



Punto y seguido








lunes, 29 de junio de 2015

PREMIOS PLATERO 2015

El pasado fin de semana se hizo público el fallo del jurado de la Edición 2015 de los Premios Platero organizados por el Club del Libro en Español de las Naciones Unidas en Ginebra. Este organismo, fundado hace 40 años por un grupo de funcionarios de organizaciones internacionales ubicadas en esa localidad, tiene como objetivo el fomento de la literatura, la lengua y la cultura española e iberoamericana, así como de promover el empleo del idioma español.

Con respecto al fallo en el apartado de relatos, el jurado en una decisión cuanto menos discutible, concedió el primer premio al relato Maquillaje para el alma de la autora Paloma L. González, un bienintencionado alegato ¿contra? la violencia de género con sobreabundancia de clichés y de lugares comunes. El segundo premio fue para Agua Brava, de Juan José Tapia Urbano, un correcto y efectivo trabajo de género donde conviven elementos de antiguas novelas de misterio con una resolución de carácter sobrenatural. El tercer premio fue para nuestro compañero Miguel Núñez Ballesteros por el relato Lo que Sara recuerda, un trabajo sobre la memoria, lo que prevalece frente al olvido, sus justificaciones y sus máscaras.


Damos nuestra enhorabuena a los premiados y especialmente a nuestro compañero de "faenas" y amigo, Miguel.

lee aquí los relatos seleccionados: http://www.clubdellibro.org/act-075.html




Punto y seguido

jueves, 21 de mayo de 2015

LOS INTERVALOS DE LOBO ANTUNES (y 2)



Miguel:
Con respecto a la comparación con  las mujeres, sería interesante averiguar si él ya sabía que no lo querían antes de intentar tocarlas o se daba cuenta en el momento de hacerlo. Es posible que tuviera la intuición y al intentarlo tomara conciencia de esa realidad: sabes que todo ha terminado, lo intuyes, pero te niegas a aceptarlo y solo te percatas de que es imposible seguir en el momento de la insistencia, cuando descubres que no solo no vas a conseguir nada, sino que, tal vez, termines arruinando lo que habías logrado hasta ese momento, la novela,  una forma de recuerdo.




Inmaculada:
Supongo que eso se intuye, pero necesita uno la prueba para abandonar. Me resulta curioso, porque la mayoría de los escritores dicen que deben abandonar el trabajo en algún momento, pero que seguirían corrigiendo y puliendo interminablemente si les dejaran. Me gusta esa naturalidad con que Lobo Antunes dice dejar las novelas porque ya están. La misma con la que dice " nadie escribe como yo". Creo que está más allá de falsas modestias. Es verdad que nadie escribe como él. Me interesa mucho la manera en que utiliza los espacios y los objetos en su literatura, cómo a veces son símbolos de épocas completas o de sentimientos de los personajes, como consigue cifrar en ellos las emociones y favorecer sus juegos temporales. Los espejos y las fotografías, claro, pero también otras muchas cosas.

"(...) le vendría bien un ratón de chocolate para aguantar el miedo, no te quedes con el ratón en la mano, cómetelo, se acordó de la abuela acariciándole la nuca
- ¿qué va a ser de ti?
y del anillo con un lacito de plata, cuántos años tenía usted, sesenta, setenta, el médico descifrando papeles
- Vamos a estudiar las posibilidades
y por unos segundos un optimismo insensato, listo para colorear una palabra, una sonrisa, el abuelo rechazó el periódico y su madre desilusionada
- ¿No se toma al menos la sopa?
traigan un ratón de chocolate y puede ser que lo acepte mirando como hechizado el bigote y las orejas, abran la boca al ofrecerle la cuchara que él abre también la suya, ya no cuello, cuerdas y uñas sin brillo, la hiedra creciendo en la terraza (...)" 




Miguel:
¿De dónde es eso?

Esto de Esplendor de Portugal:
"soy tu puta o no lo soy has de reconocer que no me enfado por tu amante de galpón no tienes que complacerme ni preocuparte por mí ni ser tierno cuando fue lo del quiste en el pecho te hiciste humo porque sólo tienes que pagar soy tu puta gracias a que tengo salud que recibe dinero para tener salud no para ser desagradecida y enfermarse has de reconocer que no me enfado de qué sirve enfadarme"

También están Angola, la guerra, el barrio de Benfica, hiedras, terrazas, buganvillas, palmeras, ventanas donde se asoman los personajes, los sillones donde se sientan, las huellas de sus cabezas en las almohadas. Y también la enfermedad y los hospitales, la enfermedad y la locura, la enfermedad y la espera.

Inmaculada:
De Sobre los ríos que van. Ahí están la infancia, los abuelos, el dolor y el miedo, la soledad y la muerte, el cáncer como un erizo, una pista de tenis en la memoria y el descubrimiento de la mujer, la sensualidad...Hay una frase de él, no sé dónde la leí, dice algo así como que la sensualidad es el intervalo entre el guante y el comienzo de la manga. Tiene frases tan buenas que corren el riesgo de caer en un calendario de pared:
Vivir es como escribir sin corregir.
Nadie sabe lo que es la muerte. Pero no hay mucha diferencia, tampoco sabemos nunca lo que es la vida.




Miguel:
A propósito de frases:

"En realidad, la lápida común donde han ido a parar las grandes frases ha sido el Facebook: toma una frase, entrecomíllala, pon la foto del tipo que la pronunció para ilustrarla, y por obra y magia de la tecnología, esa sentencia parecerá haber sido escrita por Paulo Coelho." 

Lo dice Elvira Lindo en El País de esta mañana y es verdad lo del peligro de los calendarios. Cualquiera de sus frases aislada del contexto podría servir para un anuncio de coches o de perfumes o de seguros de vida, pero no creo que a nadie le importe, incluso le vendría bien al señor Antunes un poco de banalización, ¿Acaso no vivimos todos de vender algo?

Y hablando de personajes: ¿no tienes la sensación de que sus personajes no actúan? Hablan, sueñan, piensan, recuerdan. Hablan, solo tienen sus voces y a través de ellas los reconocemos. La acción siempre ha ocurrido antes o está a punto de suceder cuando callen. Se nos presentan en su desnudez, en un monologo interminable, nada se nos oculta, no tratan de engañarnos y aunque algunos de ellos sean verdaderamente odiosos, siempre tienen ese fondo de humanidad, de verdad, que los salva.

Inmaculada:
He estado repasando alguna de las novelas. Es verdad, los personajes apenas hacen nada. Algunos gestos, pequeños desplazamientos en el espacio, mientras todo ocurre en sus cabezas ( el mundo entero entre las páginas, dentro del pensamiento o las líneas de diálogo de los personajes).
En el siguiente párrafo de Acerca de los pájaros, una escena de un desayuno que necesita cuatro páginas para suceder y con apenas dos o tres acciones de los personajes. 

Entró en la habitación con la bandeja del desayuno ( pan en una cesta de mimbre, paquetitos de mantequilla, tazas, teteras cromadas, cosas que se entrechocaban y tintineaban), y sintió en la nariz el olor tibio, pastosos, desagradable del sueño, las sábanas mojadas de transpiración, el desorden de la ropa(...)
- Buenos días- dijo él con la bandeja en las manos mirando las paredes a su alrededor (...) Buscó dónde dejar la bandeja, no encontró espacio, arrastró una silla (...) Apagó la luz pálida del cuarto de baño, que agonizaba en la alfombra, y la encontró azucarando el té con los gestos aún sin huesos, blandos, de quién se despierta (...) Abrió un botecito circular de mermelada idéntico a los que sirven en los viajes de avión, lo probó, lo dejó a un lado: Demasiado dulce, me causa espasmos en la glotis (...) Marilia masticaba en un remanso de vaca de Walt Disney, y él pensó Sí sigo así mucho tiempo empezaré seguramente a odiarte (...)

Ahí se quedan los personajes, masticando el desayuno y la desidia, tan creíbles a pesar de las cuatro páginas repletas de ambiente y cuestiones tangenciales a la historia, más bien gracias a ellas.




Miguel:
Anoche vi la entrevista de Bilbao, bueno, no creo que fuera una entrevista, la señora que estaba sentada a su lado más que preguntas lo que hacía era meter alguna cuña para encarrilarlo y que no se fuera mucho por los Cerros de Úbeda. Nunca lo había oído hablar, tiene buena voz y el ritmo pausado, como si todo lo que dice se le ocurriera en ese momento, el ritmo de los recuerdos que fluyen, del pensamiento.
"Tienes momentos muy raros en los que te quedas tan contento con lo que has hecho. momentos en los que estas escribiendo y estas llorando. tienes momentos muy malos en los que no te crees nada de lo que estás haciendo. esto es escribir."





Fotografías de Ralph Gibson, ilustrador de las primeras ediciones en español de Antonio Lobo Antunes 

Inmaculada Reina
Miguel Núñez