martes, 9 de diciembre de 2014

UN CUENTO DE NAVIDAD


Desde hace diez años, la editorial La Fragua del Trovador, edita una colección de cuentos llamada  “Miradas de Navidad”. Los cuentos se seleccionan a través de una convocatoria nacional abierta a todos los escritores. Los beneficios por la venta del libro se destinan cada año a una ONG para apoyar una causa solidaria.

Entre los seleccionados de este año se encuentra Pedro Rojano, miembro de nuestro grupo y al que felicitamos desde estas líneas. Se trata de un cuento de Navidad que escribió con motivo de un viaje a Perú: “DISECCION DE UN GESTO”.

Con los 17 cuentos seleccionados se ha editado el número 10 de la colección Miradas de Navidad, cuyos fondos obtenidos por su comercialización están destinados a ASPACE Zaragoza, una Fundación sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, interés ciudadano y de interés público y municipal, fundada en los años setenta. Surge debido a la necesidad de un grupo de familias de cubrir las carencias existentes de atención y cuidado de las personas con Parálisis Cerebral.

Os animamos a participar de esta buena acción navideña adquiriendo el libro, e incluso regalándolo a vuestros amigos para celebrar las fiestas. El precio son solo cinco euros y no tiene gastos de envío (Península y Baleares). Podéis solicitarlo a la dirección editorial@lafraguadeltrovador.com

Seguidamente reproducimos el cuento de nuestro compañero como aperitivo a esta venturosa propuesta.

 

DISECCIÓN DE UN GESTO

Pedro Rojano

 

Cuando se acerca el final de año me ahogo en cifras y presupuestos. Desesperado cruzo el océano para buscar un gesto: una mano alzada agitándose en el aire. Diminuta, regordeta, con churretes de chocolate relamido. Miles de manos en aquella plaza ruidosa, pero solo una que se une a mí cruzando todo el espacio temporal que ya nos separa, y aún está ahí; la copia de una despedida 13x18 en brillo y sin marco.

El Sol de enero se cuela entre las hojas de palmeras, mientras las palomas van abriéndome un pasillo que me conduce hasta un banco donde apoyar la mochila. Resoplo. La humedad me hiela la espalda en el contacto con el hierro y siento unas punzadas intermitentes en mis hombros. Saco el diario y escribo.

La plaza Mayor de de Arequipa tiene las esquinas porticadas recubiertas de una melaza invisible. La misma que empasta la rugosidad de los sillares volcánicos sobre los que está construida esta alegre ciudad de color hueso. «Cigarrillos, chicles, puritos», grita con cachaza un muchacho desde su escaso metro de estatura. De sus hombros, sujeta por una cuerda de esparto, le cuelga una caja de madera con la mercadería. En el centro de la plaza, una fuente, coronada por un diminuto guerrero inca que danza sobre el agua, cautiva la mirada de una cholita con un bombín en el pelo negro del que se descuelgan dos trenzas, y un bulto bajo una manta que parece ocultar la tristeza de una infancia silenciosa y resignada.

Me molesta el ruido incesante de los taxis; amarillos y ridículos, que inflaman de humo las calles cuadriculadas de esta coqueta ciudad. Escribo en el diario todo lo que veo, pero no es fácil, máxime cuando un limpiabotas se ha sentado a mi lado y señala con tristeza mis Chirukas. Le miro a la cara, a sus manos, a mis botas; no soporto que alguien limpie mis zapatos, el pudor es más fuerte que la compasión.

Al otro lado de la plaza unos niños corretean en círculo intentado pillar a las palomas, mueven sus brazos como aspas arriba y abajo, arriba y abajo. Cerca de ellos, reparo en un chándal de color rosa, estampado con una muñequita de ojos grandes y piel blanca. Lo lleva puesto una niña con coletas negras, la cara tostada y tan redonda como un eclipse. Tiene los labios secos, escasos, y los limitan dos enormes cachetes que se hinchan cuando ríe. En sus manos lleva una caja dorada que ofrece a los turistas, a pesar de que estos están más interesados en captar la perspectiva de la catedral. Va de uno a otro como una hoja de noviembre, y así, como sin quererlo, llega hasta mi banco. Se sienta.

—Cómprame un bombón—vuelve a hinchar los pómulos—dos por un solcito.

Mi escudo europeo se desmorona con su sonrisa, y ya tengo dos bombones para después de cenar. Desinteresada se queda aquí, mi mochila entre ella y yo. Las piernas le cuelgan, y las agita de dentro afuera. En sus manos apenas le caben tres o cuatro soles que a veces se le caen al suelo. Los recoge con destreza sin parar de reír.

Se llama Lorena / yo Pedro / tiene que vender todos los bombones antes de irse a su casa / aunque sea de madrugada / sí, va al cole, pero luego se viene aquí con su madre y dos hermanas / …por ahí andan cazando turistas / ella les ayuda vendiendo bombones / sí, sí que juega, pero no como otros niños / a ella le encanta vender / todas las tardes después del cole / los sábados y domingos todo el día / ¿los reyes magos? / No conoce a los reyes magos / por aquí nunca vienen / debe ser por el mar, los camellos no saben nadar / ¡Cómprame otros dos! / No, ya te he comprado / ríe.

Le señalo un turista con cara de pánfilo y sale disparada con su caja dorada.

 

Volví a la Plaza de Armas de Arequipa la noche siguiente. La iluminación eléctrica perfilaba los contornos arquitectónicos pues el sol se había marchado con viento fresco sin olvidar su abrigo de alpaca. Había comprado un monederito de tela con cremallera en el que metí un billete de diez soles. Lo coloqué en una bolsa junto a unos lápices de colores. Lorena seguía allí, con sus mofletes hinchados y la caja dorada. Eran las once de la noche. Me acerqué a ella, le di el regalo. «Los reyes magos dejaron en mi habitación esta bolsa para ti». Ignorando protocolos, me alargó su caja de bombones para que la sostuviese y sacó los regalos. Descubrió la cremallerita del monedero y tiró de ella. Miró en el interior y me devolvió su cara con la boca como un pez. Los mofletes se relajaron, su sonrisa enmudeció. Le besé en la mejilla y me perdí entre la muchedumbre. Era seis de enero.

Cuando miro hacia atrás puedo ver su mano diminuta y regordeta agitándose en el aire, como una paloma que regresa siempre en mis días aciagos.

lunes, 1 de diciembre de 2014

NEW YORK CITY (3ª y última parte)

Este tercer y último acercamiento a Nueva York voy a comenzarlo en Broadway: 
Broadway y yo
Siempre pensé que Broadway era una calle medianamente grande donde se encontraban todos los teatros de Nueva York concentrados. La realidad es que Broadway es la arteria de Manhattan, la cruza diagonalmente y atraviesa además la plaza de Times Square, donde se vuelve tan luminosa como yo la imaginaba. En realidad sólo hay dos teatros en la Av. Broadway, los demás se encuentran dispersos por las calles anexas y en todos ellos se representan todos esos musicales a los que soy tan aficionada. Para nuestro estreno en Broadway escogimos nuestro musical favorito: Wicked, que además fue el primer musical que vimos en Londres hace ya unos años. Está basado en la novela de Gregory Maguire: Wicked: Memorias de una Bruja Mala, historia paralela a El Mago de Oz y que cuenta la historia de las brujas de Oz, Elphaba (La malvada bruja del Oeste) y Glinda (La bruja Buena del norte), mucho antes de que Dorothy llegase a su mundo. Su banda sonora es altamente recomendable, y la versión de Defying Gravity de Idina Menzel o de Kerry Ellis son para mí las mejores. Los musicales son caros, pero no te puedes ir de Nueva York sin ver al menos uno. Digo uno al menos porque nosotras vimos dos: Wicked y Cinderella. Lo de Cinderella fue azaroso: En TKTS en Times Sq o en South Street Seaport, se pueden encontrar entradas con descuento para el mismo día de la función y, aparte ser una historia conocida, (¿Quién no conoce a Cenicienta?), y de tener buenas críticas, tenía el mayor descuento de todas, así que la elección no fue difícil. No nos arrepentimos. 

WICKED AND CINDERELLA
Otra de las cosas que tiene Broadway son sus tiendas y sus restaurantes. Nos habían recomendado el Stardust, un restaurante muy típico americano, en el que los camareros son cantantes de musicales y cantan y montan shows en el que cabe la improvisación de los comensales. Cenar allí es como formar parte de uno de esos musicales y, entre plato y plato, puedes pasar de figurante a estrella de la noche. Os dejo el enlace a su página web para que le echéis un vistazo: PINCHA AQUÍ

Gray's Papaya
No hubo un sólo día en todo el viaje que no paseásemos por Broadway o por Times Square, que no visitásemos sus tiendas o sus restaurantes o no nos deslumbrásemos con sus luces de neón y su publicidad extraordinaria. También solíamos cenar por esa zona. No se puede decir que se coma bien allí, pero de hamburguesas, perritos y pizzas te puedes poner hasta las cejas. Recomendable Five Guys para las hamburguesas y Gray's Papaya para los perritos, (ya lo decía Matthew Perry en Sólo los tontos se enamoran). Ya que he nombrado a Matthew Perry, no puedo dejar de nombrar la serie: Friends
Y como Friends-adicta que somos, nos fuimos a buscar el edificio en el que se supone que tenían los apartamentos Rachel, Mónica, Chandler y Joey. Allí nos juntamos unos cuantos frikies a hacernos la foto de rigor junto al edificio en el que echamos de menos el Central Perk donde los personajes se juntaban a tomar café, acharlar, ligar y escuchar a Phoebe cantar su Smelly Cat, Smelly Cat. En fin, un guiño a Friends por su  aniversario (20 años del primer episodio y 10 años desde el último): ¡Felicidades, chic@s! 

Otra de las visitas imprescindibles de Nueva York es la Grand Central, una ciudad dentro de la ciudad, la estación de trenes mítica, la más grande del mundo, que sobrevive gracias a Jacqueline Kennedy-Onassis. Su Hall Principal ha sido inmortalizado por el cine tantas veces que una vez que estás ahí dentro es impensable no sentir que ya has estado antes, acompañada por los grandes del cine: Tiempos Modernos, de Charles Chaplin. Con la muerte en los talones, de Hitchcock. Atrapado por su pasado, de Brian de Palma. Armageddon. Superman. Enamorarse, con Robert De Niro y Meryl Streep. Madagascar. Etc. Lo que más me impresionó, aparte del hall principal con sus enormes lámparas, su techo color turquesa y su universo estrellado, fueron los grandes ventanales por los que se cuela el sol y ese fantástico reloj de cuatro caras que es uno de los relojes más filmados del mundo. La Grand Central merece más de una visita, y nosotras cumplimos también con ello. 

Grand Central Station
Otra de las típicas cosas que hace un turista cuando llega a Nueva York es un crucero por el río Hudson, por el East, o por ambos. Nosotras cogimos uno que salía a media tarde en los muelles del Hudson, bordeaba el sur de Manhattan, entraba por el East River, pasaba bajo el Brooklyn Bridge mientras se iban iluminando los rascacielos ya al anochecer, llegaba hasta Queens y ya de vuelta nos acercaba a la Estatua de la Libertad. Es una de las cosas que más disfruté, a pesar de que el capitán de a bordo se las daba de cómico y no soltó el micrófono un sólo segundo para hacer su propio show made in NY. Durante el trayecto nos cruzamos con un velero precioso, con un crucero enorme y lleno de turistas, y con varios barquitos que le daban un aire pintoresco al horizonte de New Jersey. 

Manhattan desde el crucero
Nueva York no es sólo rascacielos. Ni shows. Ni tiendas. Ni luces. Ni gente yendo y viniendo. Nueva York es mucho más. Es multicultural y muestra de ello son sus diferentes barrios. Es una ciudad en continuo crecimiento y expansión. No es la ventana del mundo sino que todas las ventanas del mundo tienen vistas a Nueva York, y han convertido a esta ciudad en ese escaparate en el que se miran y contemplan. De alguna manera, todos llevamos un neoyorquino dentro, o tal vez, cada neoyorquino lleva algo de nosotros y lo deja patente en su ciudad. Pero esto, es una apreciación mía, después de pasear y pasear, por la ciudad que nunca duerme. 

Barrios de Manhattan
El Lower East Side incluye Chinatown, Little Italy, Nolita y el East Village que son un refugio de jóvenes profesionales y artistas. Little Italy ha sido prácticamente absorbida por Chinatown que sigue en expansión debido a la alta tasa de inmigrantes chinos que recibe y que ha superado ya las posibilidades del barrio. A mí me pareció la zona más fea de Nueva York, a la par que la más comercial, puesto que sólo andar por la calle Mott o Mulberry ya te hace convertirte en cliente potencial que no continuará su paseo sin haber adquirido alguna prenda o artículo de imitación y, a la vez, de escaso precio y calidad. 

Mott St - Chinatown
Otros barrios que actualmente se han convertido en centro de tiendas de ropa , de arte y restaurantes son Greenwich Village, West Village, Noho, Chelsea, Tribeca y el Soho, cuna de artistas y barrio que ha aparecido también en incontables series y películas. Me llamó la atención al pasear por el 102 de Prince St un edificio que había visto un montón de veces, y es que se trataba de la ubicación de la casa de Patrick Swayze y Demi Moore en la película Ghost. Bloomingdales, uno de los almacenes más famosos de Nueva York, tiene una sucursal en la zona. No es apto para bolsillos normales y corrientes como el nuestro. En Bloomingdales del Upper East Side trabajaba Rachel de Friends. 

El Upper East Side, junto al Upper West Side donde se encuentra el edificio Dakota donde asesinaron a John Lenon, es una de las zonas más caras para vivir en Nueva York. Ahí se encuentran las grandes mansiones, las tiendas exclusivas más caras, (junto a las de la 5ª Av), y también algunos de los edificios más míticos y los museos más famosos. Por nombrar algunos: El MET y la Frick Collection en el Upper East y el Natural History Museum en el Upper West. De estos tres, dedicamos una mañana completa al MET. Hay que decidir qué salas recorrer, porque ver el MET al completo puede ocuparte al menos una semana. La Frick Collection es una mansión del antiguo magnate Frick, un entusiasta del arte, que dejó una magnífica colección de arte entre las paredes de su casa, que por sí sola ya es una obra de arte sensacional. Del museo de Historia Natural sólo visitamos el vestíbulo. 

Museo Metropolitano (MET)
Un barrio que merece mención aparte es Harlem, al norte de Central Park y que está dividido en East/Spanish Harlem, poblado por una mezcla de italianos. afroamericanos y latinos, y el propio Harlem donde reside la comunicad negra más famosa de la ciudad. Antiguamente era una zona bastante conflictiva y llegamos con cierto recelo hasta ella para asistir a una misa Gospel un domingo por la mañana. La pura realidad es que es una zona tranquila, residencial y de edificios de color teja y con escaleras que llevan hasta la entrada de las casas. Bien merecen ser fotografiados cada uno de ellos. Zona cuidada y limpia, de gente amable y servicial, aunque también nos encontramos carteles colgados en las paredes de gente que se busca por algún delito, cosa que no habíamos visto en ninguna otra parte de la ciudad. El teatro Apollo donde actuó Michael Jackson en sus comienzos, es un teatro pequeño que no destaca entre una hilera de edificios bajos y se encuentra en la zona menos pintoresca de Harlem. Las misas Gospel han adquirido un sentido demasiado turístico, tuvimos que abandonar la cola de un par de iglesias debido a la afluencia masiva de turistas y nos encomendaron una en la que todos los que no pudimos entrar en las más famosas y recomendadas por las guías, teníamos cabida. El 90% de los feligreses éramos españoles, holandeses, alemanes, italianos, ingleses o franceses. Del 10% de los feligreses, el 7% pertenecía a la iglesia, rondaba los 80 años y hacía las labores de pasar el cepillo, cantar, gritar Aleluya, y recitar partes de la Biblia. El pastor se encontraba entre ellos. Del 3% restante, el 2% pertenecían a la banda. Sólo un uno por ciento eran vecinos octogenarios del barrio, que con sus muletas, sillas de ruedas, cabestrillos y taca-tacas, se acercaron a oír la misa vestidos para ir a una fiesta de los años cincuenta. La verdad es que fue muy divertido a la par que interesante. 

HARLEM
Tras dar un paseo por Harlem y decidir que en el próximo viaje que hagamos a Nueva York, dedicaremos más de un día a esta zona, nos fuimos hacia Central Park, el parque de ciudad más famoso del mundo, junto al Hyde Park de Londres que se queda pequeño ante tanta inmensidad y diversidad. Central Park ya es en sí una película, y durante un día, nos sentimos nuevamente protagonistas de la misma. Todo lo que esperábamos encontrar estaba allí ante nuestros ojos y bajo la suela de nuestras sandalias: Los lagos, el contraste de los inmensos árboles con los rascacielos y el hotel Plaza al fondo, los puentes, el enorme césped considerado como la playa neoyorquina, donde nos tumbamos a saborear unos deliciosos perritos calientes recién hechos, campos de volley ball, de fútbol, etc, gente paseando, gente de boda, gente corriendo, (nos fijamos por si entre los corredores estaban Madonna, Hugh Grant o algunos de los que presume correr por allí cada domingo), las estatuas de Alicia y de Hans Christian Andersen rodeadas siempre de niños, el castillo Belvedere, el puente The Pond que ha sido escenario por excelencia en las películas románticas rodadas en Central Park, y por supuesto, la fuente Bethesda. Dicen que es imposible no perderse en Central Park, y que también es absolutamente recomendable, siempre que no sea de noche. 

Central Park
Me permito terminar en Central Park estas crónicas de mi viaje a Nueva York, que ha pretendido no otra cosa sino acercaros esta maravilla de ciudad, que contiene todo el arte del mundo concentrado, que podría ser una novela de esas que no dejas de leer y que se fuera reescribiendo y aumentando con cada lectura o relectura. Un cuadro que no deja de pintarse. Una escultura que no deja de esculpirse. Nueva York no deja indiferente a nadie, y desde luego, volví diferente de allí, más ciudadana del mundo y a la vez más yo misma. Nueva York posee esa capacidad, la de cambiarte, digo. Me quedó pendiente ver un partido de baloncesto de los METS en el Madison Square Garden, al que fuimos a visitar y rodeamos una y otra vez, como si hubiésemos guardado cola para ver la actuación de uno de nuestros iconos musicales o realmente uno de esos partidos míticos. Nos hicimos fan de los Yankees, del baseball y gritamos Jenner is our captain en las esquinas de Times Square como cualquier otro aficionado. Sí, sin duda Nueva York, dejó mucho en nosotras, que ahora somos malagueñas y neoyorquinas, y como todo ciudadano que está fuera de su hogar, nosotras regresaremos a casa, siempre que podamos. 

New York is waiting for us. 


Punto y Seguido. 




A  Patricia Monteagudo. 






Fotografías: Isabel Merino. Nueva York 2014. (Excepto Friends 20th y plano de Barrios de Manhattan).









jueves, 27 de noviembre de 2014

FESTIVAL EÑE 2014








Un año más durante los días 21 y 22 de noviembre, como representantes del grupo literario Punto y Seguido, Inmaculada Reina y yo  nos trasladamos a Madrid para vivir en primera persona esta gran fiesta de la literatura en el Círculo de Bellas Artes. Una fiesta cargada de poesía, de música, teatro y charlas con escritores y directores de cine. No quedaban plazas para los talleres literarios de Cuento con Eloy Tizón, ni de novela con Mateo Coronado (a los que nos hubiera gustado asistir) además de la conocida sección, editor en busca de autor. Nos ha faltado tiempo. Tiempo para poder disfrutar de algunas conferencias y lecturas poéticas, que  se pisaban  las horas, unas a otras. Pero aún así hemos disfrutado de cada una de las conferencias y charlas a las que hemos asistido. Aquí os dejo un resumen.


La tarde del viernes  asistimos a la inauguración en la sede del Instituto Cervantes con una charla entre dos de los grandes, el periodista y editor Juan Cruz, junto con el escritor chileno, Premio Cervantes Jorge Edwards presentados por Camino Brasa. La literatura es, ante todo, palabra. La palabra cobra cuerpo y la literatura más vida que nunca.  Hablan de la eñe, que no existe en las máquinas anglosajonas, una letra original que nos distingue en el mundo. Sin la eñe no se puede decir “sueño” ni “niño”. Edwards apunta que los premios deberían estar prohibidos, por las desilusiones y el desasosiego que provocan, y opina que el mayor premio que puede tener un autor son sus lectores.

Mientras en el Círculo de Bellas Artes se sucedían: Poemas a la Carta, lecturas poéticas de Vanesa Pérez-Sauquillo, Gabriela Wiener, Martha Asunción Alonso, sonetos de Miguel de Unamuno, Luis García Montero y Rosa-Torres Pardo y diferentes charlas entre autores, Patricio Pron con Rodrigo Fresán; Jesús Carrasco, Luis Landero con Berna González Harbour entre otros.
Acabamos la velada con la visita de Javier Ximens, desde Los Montes de Toledo , cenamos muy bien acompañados con Saly, Clara y Dani, entre charlas y risas.


El sábado después de un paseo por las librería La Central y la compra de algún ejemplar, empezamos la jornada literaria a las doce de la mañana con la conferencia de:

Gustavo Martín Garzo, Elisa Martín Ortega y Cristina García Rodero, Los siete pecados capitales.

La Fábrica ha recuperado la mítica colección de Palabra e imagen, creada en los sesenta por Esther y Oscar Tusquets para Lumen, y ha tomado el  relevo en la publicación de obras realizadas por grandes maestros de la literatura y la fotografía. En este libro se unen los artículos que escribieron para El Semanal sobre los siete pecados capitales,  escritos a la limón como indican cómplices, padre e hija. La revista le decía el pecado que tocaba cada semana. Empezaron por la Lujuria, pecado que remite al  placer y al deseo ante la pregunta ¿todos nuestros deseos son buenos? ¿Deseables? No mentir, no traicionar, no dominar… El pecado tiene que ver con el abuso de poder y desde este punto de vista van enfocando el texto de las distintas imágenes y pecados capitales bajo esta óptica.
La portada es el cuerpo de una muchacha sobre una cama, la fotógrafa Cristina García Rodero no juzga, no se apropia de la imagen, busca la luz que la hace vivir. Nos muestra lo que ve y lo que no está, acoge la belleza, llega a un lugar sin daño, aspira a captar la presencia. Así se convierten sus fotografías en el arte de la mirada, que ven y adivinan, dónde soñar es lo más necesario que existe, más que ver. Con la imaginación y el sueño se soporta mejor la vida, la ceguera. Las diapositivas del libro fueron pasando mientras Cristina nos hablaba del momento en que las tomó, de las personas que son protagonistas, de la belleza de esos seres anónimos que se prestaron a posar.

Terminada esta conferencia fuimos a almorzar con Pablo Vázquez, que vino Sin bulla. Visitamos la Exposición en la Sala 31 Alcalá,   “El rostro de las letras”.  


Escritores y fotógrafos en España desde el Romanticismo hasta la Generación de 1914. Más de doscientas fotografías, libros y documentos originales del campo de la literatura dónde se representa en escenas públicas y privadas, a diferentes personajes de la vida cultural española, como: Azorín, Baroja, Marañón, Ortega y Gasset, Pardo Bazán, Rosalía de Castro, Unamuno, los hermanos Álvarez Quintero y Machado, Blasco Ibáñez, Bécquer y muchos otros.


Después de tan literaria visita,  un té en el Café Galdós, unos de los pocos  que quedan con encanto dónde nos despedimos de Pablo Vázquez y volvimos al Circulo de Bellas Artes para continuar con nuestro maratón literario, dónde nos esperaban:


Aixa de la Cruz, Ronaldo Menéndez, Selva Almada y Elena Medel, El estado del cuento.

El cuento es la esencia de la revista Eñe, de la que nace este festival. A instancias de la revista la ganadora del Premio Cosecha Eñe 2014, Aixa de la Cruz, analiza el actual estado del cuento junto a la argentina Selva Armada, a quien en su país han comparado con Carson MacCullers; el escritor cubano afincado en España Ronaldo Menéndez, experto en técnicas narrativas y Elena Medel redactora jefa de la revista Eñe. Hablan de sus lecturas y de cómo el cuento es más permisivo para campo de experimentos, un género  breve del que se entra y se sale. Para unos Relato y cuento es lo mismo, dónde se abarca el todo con un golpe de vista que invita a desmontarlo. Quienes empiezan a escribir deben saber que cada trama necesita de un espacio, Crimen y Castigo nunca hubiera podido ser un cuento. Y que a veces un género se mete dentro de otro y se pueden escribir varios géneros a la vez. Todos afirman al unísono que lo más tremendo es el cuento por encargo. Al haber sido jurado de Certámenes de cuentos notan cuando un relato es de taller. Con unanimidad afirman que el ingrediente secreto del cuento es la voz propia del autor y poder pararse en el lugar desde dónde contar la historia. También conversan sobre el estado del cuento en España, de que gracias a la apuesta de editoriales como Páginas de Espuma, Salto de página, Menos cuarto, e.d.a. libros, Tropo editores, Pre-textos y entre otros la revista Eñe apuestan por este género minoritario aún.

Después de escuchar este interesante coloquio en el Teatro Fernando de Rojas, subimos a la quinta planta a la Sala de columnas para escuchar a:

Pepe Verdes, El talento no es analógico ni digital


Cada vez es más importante para los editores encontrar buenas historias y buenos creadores, por lo que el debate en torno a la lectura en papel o tableta es bastante estéril, aunque la tecnología aporta nuevas herramientas para descubrir talentos. Pepe Verdes nos presenta una serie de plataformas que utilizan al lector como herramienta para saber qué editar y pone como ejemplo el libro de Harry Potter, rechazado por numerosas editoriales hasta que el editor que lo publicó se lo dio a leer a su propia hija y a esta le encantó.  En su plataforma manuscritics, Pepe Verdes recurre a lectores no profesionales (blogueros, blibliotecarios, libreros, profesores, clubes de lectura...) a los que les ofrece leer nuevos proyectos editoriales y tras la lectura, estos complementan un cuestionario. Con estos datos elabora un ranking de los libros que más puntuación han tenido y es lo que presenta a las editoriales. ¿Quién se beneficia? aparte de la agencia y la editorial que con esta herramienta van a tiro fijo ¿Qué tipo de literatura se editará con este sistema? ¿Será mejor o peor? Son preguntas que me hago después de escuchar a Pepe Verdes hablar de los buenos resultados de este sistema. No es que desconfíe de la opinión de estos lectores voluntariosos, soy la primera que comparto una reseña en mi blog cuando un libro me gusta, pero me deja muchas preguntas por contestar. También es bueno que los autores tengan la oportunidad de ser leídos por un buen número de lectores que no saben nada de ellos (no es lo mismo la actitud al leer si sabes que lees a un autor consagrado, que si es a un desconocido) Estos lectores pueden dar una opinión sincera, llana, sin favoritismos ¿qué pasa con los lectores profesionales entonces? Ya sabemos que las editoriales espían el vendaval de auto publicaciones y el ranking de ventas en Amazón, y que a más de un manuscrito que han rechazado han intentado repescarlo, cuando ven los resultados de la publicación digital. No sé si somos conscientes de que todo está cambiando, ha llegado el tiempo de los lectores, ellos pagan y ellos mandan.
Tras esta charla bajamos de nuevo al Teatro Fernando de Rojas donde encontramos un debate cara a cara con:

Javier Sierra, Andrés Ibáñez y Manuel Loureiro, De lo maravilloso y lo real


Bajo este título se han recopilado los textos de Joan Perucho, un autor que aseguró que escribía literatura fantástica porque no le convencía la realidad. Los tres escritores se preguntan cuánto hay de maravilloso en lo real, y reflexionaron en torno a aquellos escritores que miraron lo cotidiano para elevarlo al terreno de la imaginación,  a lo mágico y erudito a la vez. Esto lleva a hablar de la teoría de “la sincronicidad” de Jung, que es como la concurrencia en el tiempo de dos fenómenos que sin relación causa alguna, hace referencia a un solo significado. Llevado a un terreno literario cuando te encuentras atascado escribiendo y de pronto se te cae un libro y se abre por una página que te desbloquea, o en una librería de viejo aparece ese libro que tan bien te viene para resolver una descripción técnica. Una charla amena en la que nos recomiendan, que no dejemos nunca de soñar, que lo fantástico está en todas partes.
Esta vez no tenemos que salir del teatro y esperamos la llegada de:

Ignacio Martínez de Pisón y Rodrigo Cortés,  A 24 palabras por segundo


Una interesante charla sobre cine y literatura y las diferentes formas de financiación. Mientras en una novela todo es gratis pueden entrar todo tipo de elementos literarios (elefantes, ropa de época, carruajes, edificios imponentes) las palabras son gratis se dicen entre risas, mientras para una película hace falta un productor y una financiación de vestuario y demás elementos lo que hace a veces imposible llevar un proyecto a cabo. Hablan sobre las dos versiones de la película “Carretera secundaria” basada en una novela de Martínez de Pisón, la misma película rodada en diferentes países y como cambia el sentido de la misma. Comenta Rodrigo Cortés que su película Concursante es considerada de culto pero que nadie la ve, (error, la vimos y comentamos en el club de lectura Cristobal Cuevas de Málaga e hice una reseña en el blog hace unos meses) y va del engaño financiero. Martínez de Pisón nos cuenta del proceso de la escritura de su novela, en la que puede estar más de tres años y asegura que la corrección es fundamental, que tú debes ser tu lector más exigente. Ver lo que sobra y saber qué tienes que eliminar aunque hayas estado más de un mes escribiendo ese fragmento. Y que valora al lector, pero tampoco mata por complacerlo.

Al terminar esta charla ya estábamos saturadas de tanta literatura y nos fuimos a cenar de camino al hotel. Comentamos por la calle  cómo serían esos lectores que leían gratis para la plataforma de Pepe Verdes, con la promesa de que si acertaban mucho los gustos de otros lectores, les podía recomendar como lectores profesionales, invitarles a presentaciones con el autor o festivales literarios.

Ah, el viernes llegué tarde a estas dos conferencias de las que  poco he podido rescatar de mi enmarañada letra en las notas.

Jesús Carrasco, Luis Landero y Elena Medel, Literatura en los márgenes
 Hablan del último libro de Landero que propone un retorno a los orígenes, retoma tonos y  ambiciones de sus primeros libros y viene a hacer memoria parándose "en medio del camino". También la novela de Jesús Carrasco lo consigue, con otro lenguaje: en su caso ese «medio camino» no es biográfico sino geográfico, una tierra de nadie que tiene mucho de espiritual, donde sus personajes viven para ir construyéndose, igual sucede en las novelas de Landero.

Rodrigo Fresán y Patricio Prom, Instrucciones para escribir escritores
El escritor escribe, sí, pero… ¿el escritor también se escribe? Un diálogo entre dos de los más sagaces escritores argentinos de hoy, en el que caben los centenarios de Aldolfo Boy Casares y Julio Cortázar, la llamada literatura del yo o de las construcciones y las inspiraciones de sus propias obras. El hallazgo de la vocación es lo que lleva al libro de escritores sobre escritores.

Y aquí termina mi crónica sobre el festival eñe 2014, una experiencia literaria inolvidable, compartida y con fotos de mi compañera de Punto y Seguido, Inmaculada Reina.

                                                             

                                                                Loli Pérez 
                                                            Punto y Seguido



jueves, 20 de noviembre de 2014

PERDIDA. JUEGO DE APARIENCIAS.

A pesar del éxito de público, a casi nadie parece gustarle Perdida, (Gone Girl, David Fincher, 2014). Pregunto a mis amigos, a mis compañeros de trabajo y me dicen : Está bien, entretenida, pero demasiado larga. Y otros, los que más: ¡Menuda castaña!. Casi todos sacan a relucir una cierta incoherencia en los minutos finales. Esa escena en el hospital en la que el caso parece quedar resuelto, o esa otra, aún más imposible, de la entrevista en televisión. Yo contraataco con mis argumentos: ¿Se puede descalificar una película que te mantiene pegado al asiento durante ciento cuarenta y nueve minutos, brillantemente rodada e interpretada y un tema más que interesante, por ese par de escenas para nada incorrectas ni gratuitas?. Y ellos responden. Sí, porque es lo que te queda, la sensación de que te han tomado el pelo, de que todo es una absurda americanada, otra más. Está bien, es lo que te queda, pero para nada estoy de acuerdo. Para mí ese final no tiene nada de la típica americanada, es más, me parece un final terrible, impensable para las mentes cuadriculadas de los magnates de la industria hollywoodiense. Ese intento de parecer un final feliz, sin ni siquiera ser un final y muchísimo menos feliz, en realidad solo trata de prolongar ese sutil entramado de reflejos y apariencias por el que discurre toda la película. Bien mirado, es difícil determinar qué pertenece a la realidad y qué a la apariencia y de aquí parte su principal atractivo y también, pudiera ser, su principal problema.


David Fincher, partiendo de un best-seller de éxito y con guión de Gillian Flynn, autora de la novela, plantea una película arriesgada, extraña, morbosa, un espectáculo absorbente y retorcido, en las antípodas de lo comúnmente considerado como "la típica adaptación de un best-seller de éxito". Aunque no he leído la novela, imagino que Fincher ha llevado la historia a sus intereses, a su territorio. Todo su cine parece basarse en el desarrollo de ese único concepto, lo que es y lo que parece ser, lo que vemos y lo que se nos oculta. Seven, The Game, Zodiac, El curioso caso de Benjamin Button, La red social ..., en todas ellas podemos rastrear la misma premisa: Alguien se muestra distinto a como es, pero deja pistas de su propia identidad; alguien quiere descubrirlo, pero no sabe, no puede o no quiere descubrirlo; alguien lo descubre cuando es demasiado tarde o no llega a descubrirlo nunca. Prueba de este mecanismo son los más que evidentes puntos de contacto entre los personajes de sus películas: la esposa manipuladora de Perdida, los sicópatas de Seven y Zodiac, el Mark Zuckerberg de La red social, la Lisbeth Salander de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres,... En el caso de Perdida el juego de representación va más allá. No solo en su planteamiento y desarrollo la película juega con el espectador —utiliza hasta tres puntos de vista distintos, con sus correspondientes giros argumentales, intercala en su puesta en escena un sin fin de pistas falsas, para hacernos creer una cosa y a la vez sembrar las dudas sobre ella— sino que los personajes protagonistas, el matrimonio formado por Nick (Ben Affleck ) y Amy (Rosamund Pike) desde el momento de conocerse mantienen entre ellos ese juego de representación, de intentar mostrarse distintos a como son en realidad, buscando la aceptación del otro, o cuanto menos, tratar de parecerse a quien el otro desearía que fuera. Algo que sin ir más lejos también exploraba Alfred Hitchcock en Vértigo (idem, 1958) donde Scottie, (James Stewart) transformaba a Judy en Madeleine (ambas interpretadas por Kim Novak) un fantasma al que la propia Judy había prestado su apariencia. Y también juegan en el mismo terreno el matrimonio interpretado por Liv Ullmann y Erland Josephson en Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, Ingmar Bergman, 1973) quitando y poniéndose caretas durante los diez años de relación que recorre la película.

En Perdida, aparte de su trama rocambolesca y de todos sus fuegos de artificio que, imagino, pueden inducir al respetable a pensar que estamos ante un típico producto de consumo servido con todos los ingredientes narrativos, técnicos y temáticos para resultar un blockbuster de temporada, existe un milimétrico trabajo de acoplamiento de cada uno de esos ingredientes para lograr un conjunto coherente con la idea final que Fincher quiere transmitirnos: un demoledor estudio sobre las relaciones de pareja en la América de la Crisis.


Perdida tiene una envoltura de clasicismo, de puro melodrama años cincuenta atravesado por ramalazos de thriller, donde todos sus elementos —fotografía luminosa y muy poco contrastada, abundancia de primeros planos, de rostros, de gestos, de pequeños detalles de mobiliario,...— están al servicio de una historia, de unos personajes empeñados en su único juego posible, un inagotable esconderse para aparecer transmutados, parecidos a quienes  soñaron alguna vez.



Miguel núñez ballesteros
Punto y seguido