viernes, 10 de mayo de 2013

LA CASA

Nadie sabía recordar los colores de la casa, la distribución de los muebles, los tapices. Nadie conocía la dirección y, sin embargo, era fácil ubicarla, plantarnos frente a sus puertas y esperar a que se abrieran, sin ni siquiera llamar. Nos gustaba encontrarnos allí sin citarnos. Coincidir cada tarde, sin habernos referido a ella. Tenía su misterio: no podíamos recordarla. Aunque sabíamos cómo llegar sin conocer el camino o volver cuando quisiéramos, con la certeza de que nunca habíamos estado antes.
                                                           Miguel Núñez Ballesteros
                                                Publicado en «Cuando vivíamos aquí»

Pintura de Demuro

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